Cualquier atleta, entrenador, profesor de educación física o psicólogo del deporte sabe que, en más ocasiones de las que sería de desear, la victoria o la derrota en una determinada competición dependen de algo tan natural y fortuito como es una pequeño fallo de atención. Incluso en eventos deportivos de varios días de duración, una breve pérdida de concentración puede echar por tierra todo el trabajo realizado con anterioridad y afectar seriamente al resultado final de la prueba. Incluso si el deportista tiene una perfecta preparación física y técnica para afrontar la competición, y posea unos niveles óptimos de motivación, si no es capaz de centrarse y mantener la concentración a lo largo de toda la prueba, los resultados no serán nunca todo lo buenos que podrían llegar a ser.
Sólo cuando el atleta consigue focalizar y mantener la atención en los estímulos realmente importantes de la tarea, sólo cuando es capaz de alejar los pensamientos negativos de su mente y evitar cualquier otra forma de distracción, sólo entonces podemos afirmar que se están aprovechando los recursos y se está optimizando el rendimiento. Los mejores niveles de ejecución se consiguen cuando el deportista atiende a lo que hay que atender y logra situarse en una «zona» de activación óptima, una zona en la que la atención está totalmente dirigida al proceso de ejecución y a nada más. Por tanto, y tal y como afirma Dosil: «el control de la atención y la concentración debe ser uno de los objetivos a tener en cuenta en cualquier programa de entrenamiento psicológico y una habilidad que deberán perfeccionar tanto los deportistas como los entrenadores» (2004, p. 177).
La Teoría de los estilos atencionales ha sido, hasta la fecha, el modelo explicativo sobre la atención que más se ha utilizado en el ámbito de la Psicología del Deporte. Ideada y propuesta por Robert Nideffer en 1976, la teoría de los estilos atencionales sostiene que la ejecución deportiva está estrechamente relacionada con el estilo o foco atencional del deportista, y que, por eso mismo, si somos capaces de identificar cuál es realmente ese particular estilo, resultará mucho más fácil entender y predecir el resultado de la ejecución en una gran variedad de situaciones. Para este autor, al igual que hay diferencias fisiológicas o intelectuales entre las personas, también las hay en lo referente a sus habilidades atencionales, habilidades que si se desarrollan de forma conveniente pueden ayudar al individuo a hacer frente en cada momento a las diferentes exigencias de su especialidad deportiva.
Nideffer diferencia dos dimensiones básicas de la atención: la amplitud (amplia-reducida), hace referencia a la extensión de la atención, es decir, a la mayor o menor cantidad de información que el deportista debe procesar en un momento determinado, por tanto, hablaremos de un campo atencional amplio si se atiende a una gran variedad de estímulos, y de campo atencional reducido cuando este mismo individuo focaliza su atención en unos pocos, aunque relevantes, estímulos; y la dirección (externa-interna), que precisa el lugar hacia donde se orienta el foco de atención. Cuando el foco atencional se dirige hacia estímulo ambientales (público, climatología, etc.) hablamos de foco atencional externo; si por el contrario la atención se focaliza en uno mismo, en las propias sensaciones, pensamientos y/o emociones, hablamos de foco atencional interno. En ambos casos, los focos se complementan y su utilización depende de las características individuales y las exigencias de la situación.
La combinación de estas dos dimensiones bipolares, amplitud y dirección, da lugar a cuatro estilos atencionales diferentes que representan la forma concreta en que los deportistas atienden a los principales estímulos de su entorno:
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[restab title=»Foco Atencional Amplio-Externo» active=»active»]
El más adecuado para realizar una evaluación rápida y expeditiva del contexto deportivo, ya que, permite una lectura rápida del medio y valorar la información externa válida para el juego. Es el tipo de atención requerido por las situaciones deportivas que precisan la percepción de una gran variedad de señales externas al mismo tiempo para poder responder. [/restab]
[restab title=»Foco Atencional Amplio-Interno»]
Facilita el análisis de la situación, la planificación de esquemas de actuación, la revisión de la información pasada y la toma de decisiones sobre las acciones futuras. Requerido por las situaciones deportivas que precisan información proveniente de la memoria a largo plazo y de los sentimientos inmediatos (tensión, autoconfianza, etc.).
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[restab title=»Foco Atencional Reducido-Externo»]
Proporciona la posibilidad de centrarse en el objeto, o en la propia situación, para ejecutar el golpe, la acción o jugada que previamente se había planeado. Requerido por las situaciones deportivas que precisan centrase en el objeto o la situación para ejecutar la jugada planificada. [/restab]
[restab title=»Foco Atencional Reducido-Interno»]
Es el más apropiado para la preparación de la ejecución y para el ensayo mental, ya que permite al deportista revisar sus variables psicológicas, repasar mentalmente un determinado movimiento y/o centrarse mentalmente. Requerido por las situaciones deportivas que precisan ensayar mentalmente y de forma sistemática la ejecución planeada.[/restab][/restabs]
Por tanto, si un deportista quiere optimizar al máximo su rendimiento ha de ser capaz de cambiar rápida y eficazmente de un foco atencional a otro, identificando las señales verdaderamente importantes y eliminando todos aquellos distractores que pueden afectar de forma negativa a la ejecución.
Todo esto nos sugiere que para poder entender los procesos atencionales en el ámbito del deporte debemos tener en cuenta tanto las demandas específicas de la modalidad practicada como la propia capacidad del/la deportista para desarrollar los estilos de atención, que conectan e interaccionan, condicionando en gran medida la inmediatez y la calidad de la ejecución. Esto implica que para que exista un desarrollo atencional óptimo debe haber control de las propias habilidades atencionales, habilidades que la/el atleta ha de saber adecuar a las diferentes exigencias de la modalidad deportiva que practica. Por estas razones antes de diseñar un programa de entrenamiento atencional habremos de evaluar su capacidad de concentración, es decir, habremos de valorar si realmente tiene o no una buena capacidad atencional.

